Comunicacion Eclipse 2

Comunicación:Eclipse

Abrió los ojos y vio a su esposa de rostro delgado, piel blanca, nariz pequeña y puntiaguda, y pelo negro hasta los hombros. Estaba sentada a los pies de su cama del complejo habitacional de la base, pero había algo diferente: no había paredes ni techo. La cama estaba en medio de la nada. Todo era de un blanco tan intenso que dañaba la vista.
Anabel se paró sobre la cama, con el dedo índice apoyado en sus labios, pintados de rojo, clamando silencio absoluto. Él le hizo caso. Comprendía que aquello no era más que un sueño y se dejó llevar. Su oído se agudizó como nunca y, tras el silencio, escuchó una leve distorsión que venía de vaya uno a saber dónde. Anabel se quedó inmóvil, con la mirada perdida en los ojos de Mike, rígida. Parecía un maniquí. La voz de Andy quebró esa extraña armonía:

—Su sexo me embriagaba como nada. Qué puta la vida que me llena de placer y más puta aún la muerte que me lo quita. Vida irónica y sin sentido. Te da y te quita sin avisar. Solo me falta reencarnar en una nube y no poder recorrer el mundo. Ya me imagino: ahí abajo, en el planeta Tierra, convertido en una nube en medio del océano, fija, estancada en el paisaje, mientras las demás nubes siguen de largo. Y pasan los años, y las nubes me cuentan cómo es el mundo, y yo sigo ahí, estancado en el mismo lugar, con la misma forma, durante décadas. No quiero ser una puta nube. Mike: no quiero ser una puta nube.

La voz de Andy se apagó tras una nueva ola de interferencia, y Anabel volvió a cobrar vida. Comenzó a bailar suave, sensual, a levantar un poco su vestido, y sonreía. La luz blanca y brillante dejó en evidencia que debajo de su vestido no llevaba otra cosa. Se podían ver sus pezones y su sexo a trasluz. Mike no lograba asimilar sí él era parte de aquel sueño o si era solo un simple espectador. Anabel dejó caer su vestido sin dejar de bailar. Apoyó la uña de sus dedos índice en su abdomen, por encima de su ombligo, y llevando uno para cada lado comenzó a trazar un círculo de sangre. Su panza comenzó a hincharse a medida que la figura iba tomando forma y, para cuando el círculo se completó, Anabel parecía estar embarazada.
Mike fijó su vista en el dibujo, impresionado y conmocionado por la macabra y perturbadora escena. El círculo de sangre, imperfecto, comenzó a rotar sobre la piel de su mujer. Mike vio ciertos destellos de luz. Buscó el origen de los mismos y vio, lejos de la blancura infinita, el eclipse. Notó que el círculo de sangre sobre su esposa era igual al halo de luz que el sol emanaba tras la oscura mancha.

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  1. Sergio dice:

    Es el que más me gustó de los tres. Segui adelante. Muy bien por la narrativa.

  2. Anabel dice:

    Alguna vez quise ser astronauta.. Con lo que me gusta el espacio!!! Está Genial! Imposible no llegar hasta el punto final una vez que arrancás a leer!! Te Felicito!!!

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